Habitar el cuerpo, este vehículo fascinante, es y ha sido una de mis intenciones vitales.

Con cinco años empecé a bailar. Aprendí que la música puede materializarse a través del cuerpo y del movimiento de la emoción.

En plena adolescencia se me cruzó la danza Oriental en mi camino, despertando mi curiosidad por mundos lejanos y el misterio de Oriente.
Quizá por eso estudié Antropología, conectando así con mi exploradora en búsqueda del origen, de la matriz.


Al acabar la carrera empecé a guiar rituales dancísticos. Mis alumnas y yo nos embarcábamos rumbo a tierras lejanas, volvíamos a la tribu, al círculo y a través de la técnica y de ritmos de viento y tambores, le bailábamos a la vida.

Nunca he dejado de indagar, aprender, viajar, movida por un deseo incesante de querer "integrar",    unir, concretar. Y en esta búsqueda apareció la pieza clave de mi puzzle: mi querido yoga. La esterilla dió un giro vital a mi existencia. Descubrí que todo lo que buscaba afuera, está adentro.

Motivada por compartir esta experiencia, en el año 2013 inicié mi formación de profesora en yoga hatha-vinyasa en la escuela Mandiram de Barcelona (200 horas, certificado por Yoga Alliance). Al finalizarla, totalmente "enyogada", quería más y más. Por eso volvía a India. Esta vez no fue para aprender sus danzas milenarias; sino para continuar formándome con mi maestro Vijay Amar en la paz de los Himalayas.

El yoga me centra o me presenta a mis desafíos que desequilibran mi centro de gravedad, para mí es una herramienta. La danza y el yoga forman parte de mi vida, se fusionan. Sobre la esterilla me conozco y al ritmo de la respiración, marco los movimientos de una danza ancestral.

Últimamente estoy inmersa en el estudio del yoga como terapia física y mental, descubriendo los secretos de la biodinámica corporal. Mi formación como terapeuta en FisiomYoga ha expandido la mirada anatómica, descubriendo claves para abordar ciertas patologías, uniendo yoga con disciplinas como la fisioterapia y osteopatía.

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