Esta danza milenaria ya se bailaba durante la época faraónica y era usada en los rituales en honor a la Tierra, a la fertilidad, antes de que las religiones patriarcales se instauraran en el siglo V. Típica de los países árabes, se ha difundido por todo el mundo. Millones de mujeres descubren en ella una forma de relacionarse con su cuerpo, reconocerlo y comparten con otras el ritual del baile.

 Las clases de danza oriental son un espacio para mujeres de todas las edades, un espacio de gozo donde indagar en ritmos lejanos y bailar "para" y "entre" nosotras. Desde la antropología disfruto explicando el origen de cada gesto, el contexto de cada baile en este viaje a Oriente, donde nuestros cuerpos dibujan ondulaciones de dunas de desierto, movimientos de camello o donde los infinitos en nuestras caderas nos recuerdan el don de la vida, de nuestra feminidad. 

En las clases explico la técnica de los movimientos, guiada por los conocimientos pedagógicos adquiridos de mi experiencia de siete años como docente de yoga y  de trece como profesora de danza. Las alumnas, con la familiarización de los ritmos de la música árabe, aprenden a distinguir estilos e intuyen qué tipo de movimientos (ondulaciones o marcaciones) son más apropiados para la canción interpretada.  Considero muy importante la  libre interpretación como método canalizador de las emociones, que ayuda, además, a un movimiento más auténtico y espontáneo.